La Villa / Historia  
 
PRIMEROS HABITANTES DE LA REGIÓN

La Provincia de Córdoba estaba habitada al Este y al Norte por los Sanavirones, llamados también “aborígenes de los llanos“ . Habitaban hacia el Sur de Santiago del Estero, en la zona del bajo Río Dulce, llegando hasta Mar Chiquita. Su territorio está hoy casi sin estudios arqueológicos, y los informes antiguos existentes son sumamente escasos.

Los sanavirones de las márgenes del Río Dulce trazaron un ramal que atravesaba la provincia de Santiago del Estero, llegando hasta Quilino, donde fundaron un gran emporio agrícola con 37 pueblos y canales de riego, llamados “chimampa” e “ibramampa”.
Eran de piel más oscura que los Comechingones. Su lengua era la sanavirona. Construían sus viviendas con cuatro horcones, por palos cubiertos con ramas y pajas como techo, las paredes con tierra apisonada o adobes crudos. Su economía era de pueblos agricultores, con cultivos de maíz y porotos, a la vez que recolectaban algarroba y chañar y criaban llamas. Sus armas, según los estudios arqueológicos, eran el arco y la flecha con punta de piedra y hueso, las boleadoras y la maza.

Esta región también estaba poblada por otras tribus, como los caminiagas, agampis, machas, mogas y guacias. La primitiva población se regía por las costumbres propias de los sanavirones. Vivían en pequeños poblados o grupos de familia gobernados por una especie de cacique, y cultivaban la tierra en común. Eran buenos alfareros y distinguían sus objetos y vasijas con un color negro lustroso, que evidenciaba la influencia recibida de alfareros del noroeste argentino.

Como armas utilizaban el hacha y boleadoras. En cuanto a la molienda de cereales, lo hacían en morteros incrustados o tallados en piedra. Su presencia se evidencia aún hoy en numerosos lugares de la zona.
La lengua dominante en toda la comarca era la sanavirona mezclada con numerosos dialectos. En cuanto a su religión, practicaban ritos que trascendían el carácter religioso, y asumían características casi mágicas. El vestido que usaban los pobladores indígenas de esta región era una especie de camiseta de lana, con guardas. También utilizaban como abrigo una especie de poncho tejido; otro elemento que usaban era el cuero, que se utilizaba en la vestimenta o en la vivienda.

El legado más importante dejado los indios sanavirones son las celebres pictografías del Cerro Colorado. En uno de los cerros, el Intihuasi (Casa del Sol), tenían sus centros religiosos, donde adoraban al Dios Incaico del Sol. Sus famosas pictografías le han dado fama mundial a la región, proyectándose que el Cerro Colorado sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, organismo dependiente de las Naciones Unidas.

El especialista internacional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Jean James Thorsell, que visitara la región, manifiesta que toda la comarca reúne dos condiciones esenciales que son: su valor cultural y la naturaleza que rodea su contorno.

Orígenes

Según Guillermo Terrera, los Comechigones fueron un desprendimiento de los protoarios asiáticos que, entrando por el Estrecho de Bering, se bifurcaron en dos grandes grupos en el territorio americano: por la Cordillera de los Andes, unos, y siguiendo la Costa del Atlántico, los otros.
Raymond Chaulot, estudiando a los normandos, afirma que los vikingos tuvieron gran influencia cultural sobre mayas, aztecas e incas en coincidencias del “culto astral y de los fenómenos meteorológicos, comunes a una y otra razas y las leyendas relativas a Votán, Quetzalcoatl y Viracocha, que las tradiciones y los códigos ideográficos dicen que llegaron en barcos a América. De la eventual unión de normandos con mujeres nativas, se ha originado una raza de hombres morenos y barbados”.

Garcilaso de la Vega habla de “un pueblo de hombre morenos y barbados, establecidos a orillas del Lago Titicaca y que fueron exterminados”. Este pueblo se ha ido retirando “hasta penetrar en el actual territorio argentino de la Quebrada de Humahuaca“.

Chaulot considera que bajaron “desde Jujuy hasta el Valle de Catamarca, donde se había dividido en dos ramas: una que se dirige al Oeste, denominada por los españoles Diaguitas de Famatina, otra que se dirige al Este atravesando Las Salinas Grandes y penetrando a las Sierras de Córdoba, tomando los nombres de sanavirones, los del norte, y comechigones los del Sud”.

En el Cerro Colorado, las pictografías que presentan a un toro atropellando una gigantesca B, caracteres rúnicos, serpientes bicéfalas, cascos con cuernos hacia arriba y un barco de dos velas, pueden considerarse como vikingos.

Llegada de los conquistadores

La Villa de Tulumba tiene sus orígenes, como muchos pueblos importantes del Norte cordobés, en estancias concedidas como merced a los primeros conquistadores españoles. Sabemos también que es uno de los poblados más antiguos de la Provincia de Córdoba, y que está situada en la región donde se ubicaron las primeras grandes haciendas que se otorgaron a los conquistadores en mérito a sus servicios.

Sin embargo, el pueblo no se genera a través de un acta fundacional sino que se va conformando lentamente. El historiador tulumbano Luis Q. Calvimonte estima que los primeros datos sobre la zona, todavía muy imprecisos, se encuentran en la merced otorgada en 1585 al Escribano Juan Nieto de las tierras de Chipitín, localidad cercana a la actual de San José de la Dormida, vecina a la merced de Francisco Blásquez, donde quedaría incluida la actual Villa de Tulumba.

“La región de Tucumán o Tucman, como se la denominaba en la época de la conquista españolas, fue explorada por primera vez por Diego de Rojas en 1536. Bien pudo ser él quien llegara hasta las comarcas cercanas al norte de Córdoba. Es difícil saber el lugar preciso donde fué ultimado en las Salinas Grandes (Macajaj), que podría estar en el territorio perteneciente al actual departamento Tulumba, provincia de Córdoba, y no en Santiago del Estero, como habitualmente se dice. Lo cierto fué que la expedición a su mando recorrió una inmensa región que va desde la Cordillera de los Andes, hasta los llanos que corren al Río de la Plata. Muerto Diego de Rojas, la expedición continua al mando de Nicolás de Heredia y Francisco de Mendoza hasta el Río Paraná. Este largo recorrido sirvió para proporcionar valiosos datos que fueron aprovechados por la autoridades virreinales del Perú.

Si la región tulumbana escapó a Diego de Rojas, difícilmente no la haya recorrido Francisco de Aguirre. Este fue el gran caminante del Tucumán, y a sus planes se dedicaron las huestes del fundador de Córdoba. Conocido es que Don Geronimo Luis de Cabrera, en enero de 1573 y desde Santiago del Estero, envío a su lugarteniente D. Lorenzo Suárez de Figueroa a relevar el terreno, empadronar indios y producir un informe.

Suárez de Figueroa no defraudó al fundador, ya que realizó un extenso recorrido por las sierras de Córdoba y llegó hasta el actual departamento Río Cuarto, por el Sur. Censó cerca de treinta mil indios y más de seiscientos pueblos. Su gran problema fue la lengua del indígena, que cambiaba constantemente. Un detalle importante para el conquistador fue que en todos estos pueblos sus habitantes eran pacíficos. Como conclusión, Tulumba difícilmente haya quedado fuera del inventario o censo realizado por D. Lorenzo Suárez de Figueroa en su expedición, ya que en su camino forzosamente debió pasar por ella.

El origen de lo que con el tiempo fue la Villa del Valle de Tulumba fue el Titulo Real, como se verá mas adelante, y no el ceremonial fundacional similar al de las grandes estancias estudiadas. Su aparición fue muy posterior.

Las primeras tierras vecinas fueron las que pertenecieron a la merced Chipitin, cuyo centro aún permanece con su histórico nombre indígena y que según la traducción de Marcelo Montes Pacheco, Chipitin quiere decir “pueblo del río” . Este paraje se encuentra actualmente a unos 5 kms. al Oeste de San José de la Dormida, sobre la Ruta 16, que la une con la Villa de Tulumba. Esta merced fue otorgada en febrero de 1585 por el Teniente de Gobernador Juan de Burgos al escribano Juan Nieto, que con la misma fecha también le concedió la merced de Paravachasca (hoy Alta Gracia). Sus dimensiones fueron imprecisas, como todas las de la época. A Nieto se le da las tierras que comienzan en el río Chipitin, desde el camino a Santiago del Estero, de naciente a poniente. Linda por una parte con la merced otorgada a Francisco Blasquez.

Nieto fallece en el año 1609 y a su muerte, su esposa Doña Estefania de Castañeda, contrae nuevas nupcias con Alonso Nieto de Herrera. Fallecida la esposa de Don Alonso, éste hereda todas sus tierras, donando posteriormente las de Alta Gracia a la Compañía de Jesús, procediendo a transferir las de Chipitin.
Alrededor de 1627 Don Alonso Nieto de Herrera vende sus derechos al Capitán García de Vera y Mujica. Este, en 1641, acrecienta sus propiedades en la región adquiriendo otras tierras vecinas al Capitán Francisco de Ayala y Murga y su esposa doña Catalina de Solis. Un sector de estas tierras lindaba con el Cerro de Tulumba ( Tunumba dice en el documento), y por el sur con la estancia de Juan de las Casas (Las Peñas).

Los derechos sucesorios que correspondieron al entonces Capitán Francisco de Vera y Mujica -que le pertenecían en la merced de Chipitin- quedaron hacia el oeste, y son los que en definitiva darían origen al Valle de Tulumba. Esta tierras conocidas con el nombre de Chuchi Huasi y Tulumba, fueron vendidas en el año 1654 a Pedro González, cuya descripción era la siguiente: “Cuatro leguas de tierra, con limites por el este con Chipitin; al sur con la estancia de Las peñas, hacia el Suroeste con la merced de Macha, y por el noroeste con las tierras de Inti Huasi”. Esta delimitación es importante pues Tulumba quedaba implícitamente dentro de esta jurisdicción.

Dos años después, sin tomar posesión de las tierras, Pedro González transfiere sus derechos a Antonio de Ataide por la suma de $ 275. Transcurrieron más de diez años antes de poder tomar posesión de ellas. Para lograrlo debió iniciar una instancia judicial en la Ciudad de Córdoba, para expulsar a Francisco Giménez e Inés Coronel, a quienes consideraba intrusos que pretendían adueñarse de esta propiedad.”

Los Ataide

Primeros pobladores de origen europeos pueblan el Valle de Tulumba. Es interesante la caracterización que Calvimonte hace de los Ataide, destacando que si bien la zona había pertenecido en una primera época a encomenderos, o había sido otorgada como merced a alguno de los acompañantes de Luis de Cabrera y a sus descendientes, en cambio los Ataide eran hijos de portugueses "no eran vástagos de conquistadores, ni de fundadores de ciudades, ni siquiera de los primeros pobladores del Tucumán” . En su linaje no había méritos de conquistas. Por éso puede decirse que Tulumba tiene un nacimiento humilde.

Sus primeros pobladores sólo tenían afán de enriquecerse con el comercio. Ser estancieros era el gran anhelo, pues estaban muy cerca otros grandes establecimientos, (por ese entonces tenían renombre las vastas propiedades de los descendientes del Fundador de Córdoba: los Cabrera eran dueños de las estancias de San Pedro, Totoral, Quilino, de Caminiaga; los Ponce de León eran dueños de la hacienda Casa del Sol (Cerro Colorado), y el capitán Juan de Olariaga de la célebre Guayacate). Sin embrago, quizás sin darse cuenta, los Ataide se asentaron en una posición geográfica que haría de la región un lugar estratégico, que permitiría con el tiempo el emplazamiento de la población más importante del norte de Córdoba”.

Bibliografia: “Tulumba: su historia civil y eclesiástica”. Luis Q. Calvimonte

 

 
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